Truscello, Marilé

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Marilé Truscello trabaja como psicoanalista pero también incorporó a su vida desde hace tiempo, la pasión por la pintura. Su formación humanística la fue llevando a buscar la hondura tanto de la palabra como del color. Un buen ejemplo de esto ya lo habia dado Sigmund Freud, al apoyarse en la arqueología y el arte para expresar sus ideas. La primer disciplina le permitió desenterrar lo que permanecía cubierto, oculto y la segunda, al aplicar el psicoanálisis al arte pudo indagar sobre la apasionante relación entre vida y obra en Leonardo da Vinci. Al respecto Freud reflexionó acerca de la manera en que Leonardo aplicaba la pintura sobre la tela, colocando colores superpuestos, pincelada sobre pincelada. Así se iban sucediendo capas sobre capas que por diferentes secados le otorgaban a la pintura la posibilidad de manifestar su esplendor en luminosidades y transparencias. En el arte como en la naturaleza, muchas veces lo velado enaltece lo aparente.

En las pinturas de Marilé Truscello, la materia está aplicada del mismo modo. Por momentos, trabaja con toda delicadeza, pero en otros, aparece el pincel dejando la fuerte evidencia de su trazo. Es suave, cuando permanece pincelando una y otra vez un cielo, un ropaje o los pétalos de una flor y es extremadamente intensa cuando mueve el pincel aquí y allá agitando la presencia del agua junto a los botes o rompiendo su uniformidad contra las piedras.

Marilé trabaja sobre la tela los más diversos temas: pueden ser barcas junto a paisajes marinos, figuras, flores y frutos. Utiliza por lo general una paleta baja que alcanza fuertes contrastes cuando la ilumina. Los trazos están poco definidos fundiéndose con el fondo. Cuando evoca la figura humana, lo hace a través de candorosas imágenes de niños o un disconforme gentío, no obstante en unas como en otras representaciones, se percibe un registro del dolor, situaciones de desconsuelo, el perfil de un sufrimiento contenido. Rostros de niños miran al contemplador inquiriendo sobre su destino o adultos de mirada baja sumidos en la melancolía. Una paleta de tonos tierra ocres y azules quebrados por el negro, agudiza la carga afectiva de los personajes.

Marilé Truscello realimenta su labor diaria: «sólo al ser creativo el individuo se descubre a si mismo»
Donald Winnicott

Sus nuevas pinturas se destacan por su libertad y heterodonia. A partir del despliegue emocional de pinceladas multidireccionales y a la fuerza que emana del color, genera una imagen que necesita la permanencia de la mirada para completar definición de la forma y su sentido. Utiliza una paleta de fuerte sonoridad visual que le permite detenerse a mitad de camino entre la figuración y la abstracción. Como si fuera la expresión de un discurso emergente de un caos. Las pinceladas se ordenan por el agrupamiento de la tonalidad. Rojos, amarillos, azules y verdes se manifiestan sobre la tela como relámpagos de color que impactan primero por su luminosidad y luego por su significado. Lo que se observa se impone al ojo con naturalidad porque los destellos de color se ubicaron en el lugar justo de la aparición del resplandor. Destaca una cualidad artística que al momento de imaginar desata toda su pasión por la pintura, dejando atrás la intervención reguladora de la razón. En esos momentos se despega, sin saberlo, de una profesión de carácter intelectual que ejercida cotidianamente le demanda la mediación de la palabra y el pensamiento. Las variables del decir y de la escucha se convierten por oposición en su pintura, en caprichos de pinceladas y gestos de color; en su labor diaria el acto creativo se puede revelar tanto a través de la enseñanza, en el consultorio, en trabajos escritos o pintando, con excesiva sensibilidad.

Tampoco los títulos de las obras son casuales; en ellos también proyecta una rica visión de diferentes momentos de su personalidad. Los buenos cuadros no necesitan del anterior, al igual que la vida pueden estar solos, acompañados de su color, ritmo y movimiento, como reflejos de la interioridad.

La obra de Marilé Truscello es impredecible y de recorrido multifacético. Es una pintura que entusiasma a la imaginación, permite ir más allá, por ejemplo a pedir creativamente lo imposible. Como lo diría el psicoanalista inglés Donald Winnicott. «¡Dios mio! ¡Haz que esté vivo cuando muera!»
Julio Sapollnik