Claudia Diz

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Mi vinculación con el arte fue por una necesidad física y orgánica. Aunque sé que siempre estuvo ahí.

No hay nada más celebrativo que sentir, plasmar, ver y dejar ver lo plasmado, ahí es donde se puede ver el interior del artista.

Mis sentimientos se convierten en colores, en danza, en armonía, en sintonía con mi interior y con el momento que transito.

Las sensaciones al utilizar los colores son difíciles de describir porque siempre están acompañadas del estado de ánimo, pero para mí siempre son gratificantes. El poder del arte en cada una de sus expresiones es maravilloso porque simplemente está lleno de sencilleces, solos hay que plasmarlas. Mis obras son figurativas, aunque en algún momento incursione en lo abstracto, pero lo figurativo para mi es lo más atractivo, es ver algo y tratar de reproducirlo imprimiéndole mi visión, a veces se ajusta a la realidad, otras veces difiere, quizá por imponer variaciones personalizadas.

Alguna vez improvisé con acrílico, poco, no fue el medio en el cual me sentí más cómoda, trabajé también el pastel a la tiza, el cual me parece fabuloso ya que es sencillo trabajarlo y mezclar los colores, pero el óleo es el medio con el cual me siento más cómoda, es cubritivo, dúctil, maleable, versátil, es el medio que he utilizado en el último tiempo y generalmente a pincel.

Hacer arte necesita laboriosidad, o sea que la obra debe ser trabajada para llegar a lo que se quiere mostrar. Pero la realidad es que para quienes hacemos arte el hacerlo no es trabajo. Trato de no imponerme limitaciones, creo que estas se imponen solas si son necesarias.
Comenzar un cuadro me genera inquietud y finalizarlo, alegría y melancolía. Aunque alguien dijo por ahí que las obras pueden no terminarse nunca, está en cada artista darle su final.

Quienes hacemos arte sabemos que lo que perdura siempre es la emoción de lo que trasmite la obra y también estoy convencida que algo no necesariamente tiene que ser perfecto para ser maravilloso.

Para mí el arte es una necesidad.